lunes, 7 de marzo de 2011

Extraños en un tren.

Yo, Enye Hult, os voy a contar una historia que tuvo lugar hace 25 años. Cuando yo era joven, guapa.....
Mi amiga Lidya y yo habíamos planeado ir el 2 de Junio a visitar a Sergio que vivía en Madrid. Cuando faltaba un día para nuestro viaje fui a la casa de Lidya a dormir, al cruzar la última calle vi un hombre clavándole el cuchillo a una muchacha rubia de unos 16 años más o menos. Al ver aquello me quedé sin aliento y cuando quería alejarme de allí lo más rápido posible le di una patada a una botella de cristal que rompió el silencio que me ocultaba. el hombre se dio media vuelta y me miró con unos ojos claros de color miel, yo empecé a correr hacia la casa de Lidya. Cuando llegué a su casa empecé a golpear la puerta.
-¡Lidya, abre la puerta rápido!, por favor. - grité
Ella abrió la puerta y yo empujé hacia dentro y cerré la puerta con el cerrojo.
-¿Qué te pasa Enye?- me preguntó
-Ahora te lo cuento todo, pero déjame recuperar el aliento.
Luego le conté todo lo que me pasó, ella cogió su bolso y me agarró de la mano.
-Vámonos a comisaría Enye, le tienes que contar todo lo que has visto a la policía.
-¡Tú estas loca!- vociferé.
-Tranquilízate vale. Si no quieres contar eso a la policía no te voy a obligar pero entonces tendrás que olvidarte de todo- me dijo
Al día siguiente, fuimos a la estación de tren. Cuando llegó el tren nos subimos, pero nos extrañó mucho que hubiera solamente un hombre y  nosotras dos. Lidya y yo nos dirigimos hacia nuestro sitio y él al suyo. Pasó una hora cuando me acordé de una cosa importantísima.
-Lidya tenemos que bajarnos del tren- le dije.
-¿Por qué Enye?- me preguntó asustada.
-Porque aquel hombre que subió con nosotras es el asesino y todo esto está planeado.
-Pero... tu sabes que no podemos bajar y faltan 2 horas para llegar a Madrid.
-Ya, lo sé, pero tenemos que hacer lo que sea, ya.
-Vamos a escondernos en el baño hasta la hora de bajarnos- me dijo con una voz temblorosa.
Así que, fuimos al baño.
-Enye, he dejado mi bolso en el asiento, voy a por él.
-Espera que te acompaño- le dije.
-No, no hace falta. Entra al servicio y cuando golpee la puerta 3 veces ya sabes que soy yo ¿vale?.
-Vale, pero no tardes mucho.
Ella se fue y yo entré al baño. Pasaron 15 minutos y Lidya seguía ausente. Así que, decidí ir en busca de ella, porque había tardado demasiado
cuando salí del baño encontré a Lidya muerta con un cuchillo clavado en el corazón. Yo me quedé sin aliento y de repente vi a aquel asesino acercándose a mi.
-Ja, ja , ja. Pobrecilla mi rubia, ¿sabes que me das pena?
-Ah, si y tu a mi asco- conteste con valentia.
Él se acercó a mi furioso y me cogió el cuello. Antes de apuñalarme con el cuchillo, le pegué una patada en los huevos y le clavé una horquilla en el ojo derecho. Esté me soltó y empezó a gritar.
-¡Perra, te voy a matar!¡Odio a las rubias!, sois todas más....
Antes de terminar la frase le golpeé la cabeza con un palo que encontré. Él se cayó al suelo desmayado. Llamé a la policía para que se lo llevaran y así lo hicieron.
A los dos meses de aquel trágico accidente salió en los periódicos que aquel sujeto había sido asesino de todas aquellas rubias que habían muerto. Una parte del artículo me llamó la atención: Después de confesar que las había matado porque odiaba a las rubias, se había matado.
¡Se cortó las venas con sus propias uñas!

Firmado: Ikram.

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